Era tarde por la mañana, Emil se levantó de la cama, eran las 12, tenia ganas de llorar, pero no podía, ahora era el hombre de la casa, ayer cuando su padre volvía del trabajo, un grupo de indeseables le atracó, llevándose su vida, el funeral había sido esa mañana, y a pesar de ser su padre, Emil no había ido. Se sentía culpable de accidente, tenía sueño y le molestaba la ropa, lo único que quería Emil era morirse, que estúpido se decía, eso era de cobardes y por supuesto, Emil lo era, se levantó de la cama y andando como un no muerto bajó las escaleras hasta que llegó a la cocina, nunca se había fijado en los cuadros que había en las escaleras, en ellos se veía a una familia feliz y unida, pero ahora solo quedaba él en la casa, su madre murió hace año y medio en el desastre de País y su hermana de 21 años estaba viviendo en el piso de su novio, con el padre muerto, ahora él era el único habitante de la casa, le hacia gracia el azar del destino, y siguió bajando las escaleras hasta que llegó a la cocina, el fregadero estaba atestado de platos, ayer estuvo de fiesta con unos amigos y por eso no recogió a su padre, si hubiera estado allí como buen hijo, todo esto no habría pasado y ahora su padre seguiría allí con él, Emil observó los platos, cogió el que parecía menos sucio y se apartó una ración de la cena sobrante de anoche, pronto llegaría la hermana para recogerlo, tenían que llegarse a ver al notario para que les dijeran que les había dejado el padre en herencia y Kate, su hermana, no estaba dispuesta a dejar a Emil con toda la casa, con su padre muerto intentaría echar a Emil de la casa para poder venderla, Emil se estremeció, sabía que su hermana era capaz de eso y más, ella solo pensaba en si misma y que a los demás les caiga un rayo, Emil estaba seguro de que la muerte de padre más que entristecerla la había alegrado, derrepente sonó el timbre, Emil se sobresaltó, allí estaba su hermana.
En el camino en coche a la notaría se podía palpar en el aire el odio que se tenían entre ellos los dos hermanos, Emil sabía que tendría pocas posibilidades de salir vivo de allí, su hermana era muy feroz y sería difícil hacer que no se saliera con la suya. Mientras pasaban por una calle en la que una mujer recogía las bolsas de la compra que se le habían caído, a Emil se le ocurrió una idea, ya sabía como conseguir que su hermana no le quitara la casa, y desde el asiento trasero del coche de su hermana, Emil empezó a confeccionar un plan para acabar con los planes de su hermana.
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