jueves

Espinas en la mente II

Rooner se sentó tranquilamente sobre la alfombra, había repasado aquellos informes una y otra vez, pero por más que los leía más incoherencias les veía.
Pronto llegarían los hijos del señor Roseebuk, tenía que estar presentable para la ocasión, aquellos niños ahora huérfanos y podría darles el legado de su padre M. Roseebuk, pero... ¿Como explicarles la prueba que el señor Roseebuk les había mandado postumamente para obtener las escrituras de la mansión Duckber Terrer? Es algo complicado, se mire por donde se mire.
Emil estaba absorto, solo tenia ojos para el cuchillo que su hermana guardaba en el maletero por si sufría el ataque de una banda de maleantes, el plan no podía fallar se decía a si mismo el pequeño Emil, con su magnifico plan podría conseguir que su hermana no vendiera la casa y se la pudiera quedar entera él. Kate estaba ya aparcando el coche cuando de detrás de ella, Emil con su cuchillo se abalanzó sobre su cuello y le quito su collar, Kate chilló horrorizada, ese collar se lo regaló su madre cuando era pequeña, aún recordaba el momento exacto, era verano, el sol golpeaba suavemente sobre el rostro de los habitantes de las cuidad, Kate y su madre paseaban por aquel tranquilo parque de País con sus caminos de albero sus rocas junto al lago y los puesto de comida y recuerdos junto a la estatua del libertador Paytu, vísperas del día de la bellota, mucha gente había ido al parque a pasar el día, muchas familias se tiraban en el césped con sus esterillas y comían pastelillos de esos que tanto gustan a los juveniles, Kate se sentó en un banco junto a su madre a tomar un aperitivo, el día era perfecto, nada lo podía estropear, pero algo malo sucedió, el tranquilo sonido de las barcas en el lago se transformó derrepente en el horrible sonido de los aviones de combate, la gente comenzó a gritar y a correr en busca de refugio, pero era tarde, los aviones ya estaban sobre el parque y habían comenzado a bombardearlo, Kate tenía miedo, no sabía que hacer, estaba asustada y no veía nada, el humo la tapaba, apretó las manos contra su pecho y allí encontró el collar de su madre, esta se lo había puesto mientras comían su alimento, al apretarlo y recordar a su madre, Kate se sintió a salvo, por suerte para ella, su madre tampoco murió en ese ataque relampago de las fuerzas de Comarca, ahora País entraria en guerra, no dejaría que que Comarca se saliera con la suya, así que País se alió con unión y juntas comenzaron la guerra de los 100 relámpagos... , pero eso es otra historia. Desde ese día, Kate hizo de ese collar de su madre su amuleto, siempre que estaba mal, tocar la esfera que tenia grabada el nombre de su madre la tranquilizaba, ahora que su hermano la tenía, no sabía lo que podía hacer, Emil sonrió para él, la operación Hogar Derramado había comenzado.

viernes

Espinas en la mente

Era tarde por la mañana, Emil se levantó de la cama, eran las 12, tenia ganas de llorar, pero no podía, ahora era el hombre de la casa, ayer cuando su padre volvía del trabajo, un grupo de indeseables le atracó, llevándose su vida, el funeral había sido esa mañana, y a pesar de ser su padre, Emil no había ido. Se sentía culpable de accidente, tenía sueño y le molestaba la ropa, lo único que quería Emil era morirse, que estúpido se decía, eso era de cobardes y por supuesto, Emil lo era, se levantó de la cama y andando como un no muerto bajó las escaleras hasta que llegó a la cocina, nunca se había fijado en los cuadros que había en las escaleras, en ellos se veía a una familia feliz y unida, pero ahora solo quedaba él en la casa, su madre murió hace año y medio en el desastre de País y su hermana de 21 años estaba viviendo en el piso de su novio, con el padre muerto, ahora él era el único habitante de la casa, le hacia gracia el azar del destino, y siguió bajando las escaleras hasta que llegó a la cocina, el fregadero estaba atestado de platos, ayer estuvo de fiesta con unos amigos y por eso no recogió a su padre, si hubiera estado allí como buen hijo, todo esto no habría pasado y ahora su padre seguiría allí con él, Emil observó los platos, cogió el que parecía menos sucio y se apartó una ración de la cena sobrante de anoche, pronto llegaría la hermana para recogerlo, tenían que llegarse a ver al notario para que les dijeran que les había dejado el padre en herencia y Kate, su hermana, no estaba dispuesta a dejar a Emil con toda la casa, con su padre muerto intentaría echar a Emil de la casa para poder venderla, Emil se estremeció, sabía que su hermana era capaz de eso y más, ella solo pensaba en si misma y que a los demás les caiga un rayo, Emil estaba seguro de que la muerte de padre más que entristecerla la había alegrado, derrepente sonó el timbre, Emil se sobresaltó, allí estaba su hermana.
En el camino en coche a la notaría se podía palpar en el aire el odio que se tenían entre ellos los dos hermanos, Emil sabía que tendría pocas posibilidades de salir vivo de allí, su hermana era muy feroz y sería difícil hacer que no se saliera con la suya. Mientras pasaban por una calle en la que una mujer recogía las bolsas de la compra que se le habían caído, a Emil se le ocurrió una idea, ya sabía como conseguir que su hermana no le quitara la casa, y desde el asiento trasero del coche de su hermana, Emil empezó a confeccionar un plan para acabar con los planes de su hermana.